Observé en silencio como la luz desaparecía, y volví a la puerta, a la espera de la cena. Esperé como un perro hambriento frente a ella, deseando que aparecieran los enfermeros. Pero eso ocurrió mas tarde. En el momento en que miraba y leía cada detalle de la puerta ocurrió algo que cambió todo el curso de mi existencia. A mi espalda escuché un ruido. Un ligero goteo de agua. No tenía nada que temer. No debía temer nada. Ellos no pueden entrar. No pueden. No pue...
Ahogué un grito de terror cuando vi un enorme charco de un liquido espeso y oscuro como el lodo. Un líquido que aparecía de ninguna parte y crecía. Crecía y alcanzaba la forma y estatura de un humanoide. Retrocedí tambaleando, con lágrimas en los ojos mientras el sonreía con su boca llena de dientes afilados como un tiburón, una boca enorme, una boca que ocupaba todo lo que debía de ser su cara. Después se puso un sombrero de copa negro y habló... habló con la dulce voz de una mujer, una voz que me aterró aún más que su figura
jueves, 12 de abril de 2012
sábado, 7 de abril de 2012
La Casa de los Horrores Pt.II
Pasaron apenas unos segundos que parecieron horas. Solté el aire que ocupaba mis pulmones y sentí el corazón volver a latir. Miré la bandeja con la comida, sin hambre y las pastillas que había al lado, sobre la bandeja. Las pastillas que alejan a los fantasmas, un producto mágico, creado por alguien completamente superior a mi, y a ellos, que me permitía unas horas de tranquilidad cada día.
Comí algo y después me tomé el puñado de pastillas sin agua, de un solo trago. Las sentí bajar por mi garganta con una sensación de placer y molestia a partes iguales y me tumbé en el suelo, esperando volver a sentirme bien.
Minutos después empecé a sentirme débil, era la señal de que las pastillas estaban haciendo efecto. Sonreí y comí el resto del plato con avidez, pese a que no tenía hambre. Hoy me esperaba un gran día un día como otro cualquiera, observando el jardín del hospital, lejos de cualquier espectro que me acechase.
Pasé horas ante la ventana, vi como todo se oscurecía, vi como la gente desaparecía del jardín y volvía a las instalaciones. El enfermero hacía horas que había dejado la cena. Una cena que poco a poco se enfriaba. Las sombras cubrieron la habitación, el silenció engulló cualquier sonido. Todo parecía en calma. Todo.
Comí algo y después me tomé el puñado de pastillas sin agua, de un solo trago. Las sentí bajar por mi garganta con una sensación de placer y molestia a partes iguales y me tumbé en el suelo, esperando volver a sentirme bien.
Minutos después empecé a sentirme débil, era la señal de que las pastillas estaban haciendo efecto. Sonreí y comí el resto del plato con avidez, pese a que no tenía hambre. Hoy me esperaba un gran día un día como otro cualquiera, observando el jardín del hospital, lejos de cualquier espectro que me acechase.
Pasé horas ante la ventana, vi como todo se oscurecía, vi como la gente desaparecía del jardín y volvía a las instalaciones. El enfermero hacía horas que había dejado la cena. Una cena que poco a poco se enfriaba. Las sombras cubrieron la habitación, el silenció engulló cualquier sonido. Todo parecía en calma. Todo.
jueves, 5 de abril de 2012
La Casa de los Horrores Pt.I
Cuando abrí los ojos vi donde me encontraba, me encontraba en aquel lugar del que no habia salido en años. Sufriendo las mismas pesadillas de siempre. La habitación era pequeña, austera, completamente blanca, como todas las habitaciones del lugar en el que me encontraba. Era aquel lugar en el que había estado prisionero desde que tenía memoria. Estaba tumbado en la cama, leyendo las grietas del techo, grietas que conocía, al igual que cada palmo de esa habitación cuando escuché un ruido tras la puerta.
Mi corazón empezó a latir a una velocidad alarmante, golpeando el pecho con una fuerza asombrosa. Por la espalda comencé a sentir el sudor que empapaba la camiseta y mi vista se nubló. ¿Vienen otra vez? ¿ Venís otra vez a por mi? Queréis mi alma verdad... ¡jamás la tendréis malditos! Escuché risas, llantos, golpes y centenares de sonidos. Los golpes en la puerta eran cada vez mas fuertes, y el coro de voces ocupaba toda mi cabeza. Por mis mejillas rodaron lágrimas de horror, ¿Por fin lograrían entrar? Sentí el abrazo helado de la muerte y vi como se abría un pequeño hueco en la puerta.
Con los ojos abiertos como platos, acurrucado y llorando de terror, vi como el enfermero dejaba pasar un plato de comida a mi habitación
Mi corazón empezó a latir a una velocidad alarmante, golpeando el pecho con una fuerza asombrosa. Por la espalda comencé a sentir el sudor que empapaba la camiseta y mi vista se nubló. ¿Vienen otra vez? ¿ Venís otra vez a por mi? Queréis mi alma verdad... ¡jamás la tendréis malditos! Escuché risas, llantos, golpes y centenares de sonidos. Los golpes en la puerta eran cada vez mas fuertes, y el coro de voces ocupaba toda mi cabeza. Por mis mejillas rodaron lágrimas de horror, ¿Por fin lograrían entrar? Sentí el abrazo helado de la muerte y vi como se abría un pequeño hueco en la puerta.
Con los ojos abiertos como platos, acurrucado y llorando de terror, vi como el enfermero dejaba pasar un plato de comida a mi habitación
sábado, 3 de marzo de 2012
Camino a la nada
El mensaje lo dice todo... pero a la vez deja tantas cosas al azar... Estoy bloqueado, inseguro, dudoso. Todo parece amenazante, una mala pesadilla, y no tengo fuerzas ni para moverme.
Me tumbo en el suelo, hecho un ovillo y empiezo a escuchar los murmullos de mi vida pasada, los fantasmas de mi anterior yo, las ultimas palabras que susurré sobre aquel charco de sangre. ¿De verdad soy yo aquella persona muerta en un callejón sin nombre? ¿Soy yo aquella persona con la cabeza destrozada por la caída que no paro de ver una y otra vez? ¿Por fin estoy en el Infierno?
Desesperado cerré los ojos intentando no llorar. Me sentía solo, más solo que nunca. Solo en un ambiente hostil, donde mi único enemigo era yo mismo. Deseé morir otra vez, acabar con mi existencia otra vez. Deseé desaparecer. Y la puerta se abrió.
Hacia la nada
jueves, 1 de marzo de 2012
Preludio
Mi camino llega a su fin... ¿o acaso es el comienzo de un nuevo lo que ven mis ojos? Con cada paso que doy me acerco poco a poco a un vacío de oscuridad, un vacío que me llena, que me incita a seguir, a caer en el olvido. A abandonarlo todo, a sufrir en silencio, a destruirme. Y caigo.
Caigo.
Caigo en mi propio corazón. En mi propia oscuridad. En esa parte de mi que devora lo poco de persona que me queda.
Despierto sobresaltado. El duro suelo de mármol me da la bienvenida con un frío abrazo. No estoy en mi habitación, estoy en un pasillo viejo, destrozado, oscuro. Un pasillo del que no puedo ver el final. Apenas veo la luz que emerge de las rendijas de las puertas que llenan las puertas. ¿Donde estoy?¿Que es esto?
Con un fogonazo, una luz aparece a mi espalda, mostrándome en infinito. Y un mensaje. Un mensaje escrito con mi propia sangre, la sangre que mana de las heridas de mis brazos.
"Bienvenido"
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